martes, 27 de septiembre de 2011

LAS PRENDAS FEMENINAS: LAS MANTILLAS DE CEÑIR



De las prendas arcaicas de la indumentaria tradicional queremos resaltar las mantillas de ceñir. Poco sabemos de estas interesantes piezas que cubrieron las cinturas de las mujeres, a modo de saya, en los indumentos peninsulares más antiguos. Gustavo Cotera en su Indumentaria Tradicional de Aliste y Concha Casado en su Indumentaria Tradicional de las Comarcas Leonesas (dos obras de referencia para el que quiera adentrarse en los complicados caminos del vestir local) nos hablan, en los protocolos notariales, de “mantillas de zeñir” tanto en Aliste como en Maragatería (donde la mujer se dejó seducir prontamente por los rodaos adornados con terciopelos y azabaches, abandonado el indumento más genuino y antiguo) así como en la Ribera del Órbigo y alguna otra tierra de la franja del oeste del Duero. Pocas referencias vivas pudieron aportar a esos apuntes protocolarios. Pero ¿a que nos referimos cuando hablamos de las mantillas de ceñir?.  Algo de luz nos arrojan las referencias que han llegado hasta nuestros días en el traje de tierras castellanas. En concreto, las mantillas de ceñir, o simplemente “las mantillas”, se mantuvieron en las provincias de Ávila y Segovia, en algunas localidades (El Barraco y San Juan de la Nava en Ávila, o Bercial, Pinarnegrillo, Ortigosa del Monte y algunas más). Piezas que se corresponden con lo que, a grandes rasgos, sería un manteo de vuelta o rodao y que difieren, sobretodo, en la colocación de la pieza. Así, las mantillas de ceñir castellanas han conservado la forma genuina de ponerse con la apertura hacia delante, y en el caso de las avilesas, vueltas hacia atrás, lucidas en muchos casos a pares. Desgraciadamente estas interesantes piezas han sido las grandes olvidadas en los trabajos de indumentaria tradicional. En Ávila, los estudios se han centrado en la descripción de los manteos de tirana picada característicos mientras que en Segovia el término “mantilla”, para estas piezas, no aparece descrito en las últimas publicaciones, donde se hace más hincapié en los manteos de tiranas. En los grabados de Cano y Olmedilla (1777): maragata con “mantilla de zeñir” o “mandil de atrás” y una serrana avilesa con esas “mantillas” vueltas tan características. En las fotos, mantillas segovianas que deben lucirse con la apertura hacia delante, adornadas con picado (de la obra La indumentaria tradicional segoviana. Ángela López García Bermejo y Esther Maganto Hurtado. Caja Segovia Obra Social y Cultural. 2000).


miércoles, 14 de septiembre de 2011

EL BAILE A LO MENUDITO DE LA VEGA DE SALDAÑA

"Hay un baile muy gracioso y alegre, que no se baila en todo el distrito saldañés, sino que parece ser patrimonio exclusivo de los cinco pueblos que dependen del ayuntamiento de Villota del Páramo. Estos pueblos son: San Andrés de la Regla, Santa Olaja, Barrios, Villosilla y Poza de la Vega.

No me puedo explicar, por qué este baile ha quedado localizado en estos pueblos, y no se ha extendido por toda la comarca; ya que es tanto o más alegre que la Jotilla y muy vistoso. Se llama “A lo menudito” y es una especie de la Rueda tan popular por tierra de Campos, pero con un ritmo mucho más alegre y movido que ésta.

Cuando yo la vi bailar, me hizo la impresión de ser un baile de transición entre la majestuosa y señorial Rueda de Campos, y el picaresco y dislocado “Baile a lo alto” de la montaña palentina."

Así describía el Maestro Moro el Baile a lo Menudito de la Vega de Saldaña, en Palencia, todavía muy vivo en 1952. Pero poco encontró de este baile binario Emilio Rey algunas décadas más tarde.

El baile sirvió de remate de los bailes binarios tan bien representados en la cercana Montaña Palentina y aún se conoce la copla siguiente en media Castilla:

Báilalo menudito,
pícalo llano
que el galán que te ronda
te está mirando.

El nombre del baile alude, sin duda a la forma recogida y elegante de bailar, pero poco más se puede aportar a este interesante baile de la Vega palentina, pues desgraciadamente es uno de los bailes que no se han recuperado en las últimas décadas.

jueves, 1 de septiembre de 2011

EL REGALO MÁS PRECIADO PARA EVA PERÓN

Acaba de finalizar en Buenos Aires una más que interesante muestra del regalo más preciado que el pueblo español realizó a Eva Perón en su visita a España allá por 1947. Cada una de las provincias del país confeccionó un traje típico de sus comarcas que fue obsequiado en unas cestas de mimbre con forma de mujer. Al otro lado del Atlántico viajaron no sólo los trajes sino también todos sus complementos, ropa interior, joyería, zapatos. Muchos de ellos fueron confeccionados a medida para la mandataria pero entre la colección aparecen singulares piezas antiguas que forman, en su conjunto, un más que interesante patrimonio. Desde 1967 tan singular regalo forma parte de los fondos museísticos del Museo de Arte Español Enrique Larreta. Una colección a descubrir.

domingo, 28 de agosto de 2011

LAS FUENTES DOCUMENTALES: LAS IMÁGENES VESTIDERAS

Sartales, arracadas, joyeles y cadenas relumbran en el pecho  -o en ocasiones en todo el cuerpo- de  las imágenes religiosas, como favores que los devotos han recibido y que se vuelven ofrendas a la Virgen o al Santo como acción de gracias por las ayudas concedidas o la sanación lograda. Los camarines de las vírgenes de toda España guardaban celosos, como verdaderos joyeros, toda suerte de ofrendas de cera y exvotos,pero también joyas preciosas, medallas, cuentas, anillos, pendientes, collares, botones, broches, cruces y relicarios donados por los feligreses y que adornan muchas tallas populares los días de fiesta en lo que fueron galas de otros tiempos, y que, en su momento, los devotos oferentes vieron orgullosos, y emocionados prender de los dedos, orejas o al pecho lo que fueron sus joyas personales. En muchas parroquias se conservan estas piezas, en tallas y obras pictóricas se muestran estos detalles, pero pocas tan lujosamente como la imagen de la Virgen de los Desamparados de Valencia, al menos a mediados del siglo XVII (Tomás Yepes, Virgen de los Desamparados. 1644. Monasterio de las Descalzas Reales de Madrid. Patrimonio Nacional).

lunes, 22 de agosto de 2011

EL INDUMENTO COMO FUENTE DE INSPIRACIÓN PUBLICITARIA


El uso de la indumentaria tradicional como gancho publicitario, ligado a productos locales, es algo que se ha repetido a lo largo y ancho de todo el planeta. En España, es a partir del siglo XIX donde el vestir tradicional se estampa en cartelería que acompañará principalmente alimentos muy consumidos como aceites, harinas, licores, o legumbres, normalmente lucido por una muchacha que dará nombre al producto (la castellana, la asturiana, la fallera....). En muchos casos este tipo de publicidad ayudó a formar el estereotipo folklórico de una comarca. La globalización de la producción alimentaria, el desuso de este tipo de iconos considerados trasnochados en publicidad, y el hecho de que estuvieran ligado a productos muy locales, ha hecho que sean escasos los ejemplos que todavía perviven. En las fotos, aceites del Bajo Aragón, pipas de Ávila y caja de dulces de Guadalajara todos usando el indumento tradicional.


lunes, 15 de agosto de 2011

DE PITOS Y CASTAÑUELAS EN TIERRAS DE PALENCIA

Aunque el instrumento es el mismo -dos palas de madera que se golpean una contra otra- nuestros paisanos , en tierras castellanas, distinguen, no sin ciertas confusión a veces, las castañuelas de los pitos y éstos de las tarrañuelas. Por castañuelas se entiende el formato habitual de estos instrumentos, de corte andaluz y flamenco, y que se adquieren en las tiendas en épocas más modernas y vinculadas a los movimientos de los colectivos de coros y danzas. Por el contrario en los bailes y danzas naturales se tocaban los pitos y las tarrañuelas, siendo los hombres los tañedores de estos instrumentos. Aunque pocos, aún hemos alcanzado a ver y registrar los toques de castañuelas -utilizaremos de manera genérica este término- para los bailes de la jota y las danzas procesionales en sus diferentes medidas (5/8, 3/4, 3/4 y 8/8), en lo que se conoce como danza, contradanza o danza al punteado, además de ser instrumento habitual, y en ocasiones casi exclusivo, para que determinados colectivos como es el de los pastores interpreten sus rondas navideñas y villancicos, acudiendo  a la misa navideña de gallo “cascando las castañuelas”.

Por pitos se entienden  a una castañuela de corte local, propia de la zona y diferente al modelo habitual y moderno flamenco. En las localidades en las que se conservan ambos instrumentos de diferente tamaño -se reserva el término pito, para referirse al de menor tamaño-.

Labradas profusamente con navaja por motivos geométricos, bandas y picos, en los que a veces se leía el nombre del propietario, de la persona a la que se destinaba, la fecha y alguna frases agradables como “Viva mi dueño” o “Soy de Fulano de tal” y anudadas al dedo corazón con cintas o cuerdas de colores. Anilinas y tintes vegetales completaban la decoración en lo que serían unas coloristas artesanías. Los pitos que eran de menor tamaño, podían ir asimismo decorados con los mismos motivos geométricos y se anudaban en el dedo gordo de cada mano, chascando los dedos sobre ellos.

La fabricación corría a cargo de algunos ebanistas y carpinteros, por aquello del dominio de la madera y sus útiles de trabajo, aunque casi siempre fueron los pastores, que entretenidos en el campo con sus rebaños, pasaban las horas cortando, recortando y tallando todo tipo de utensilios en principio de uso habituales, cucharas, cajitas de adorno, ruecas, muñecos, etc. y especialmente castañuelas que regalaban a los propietarios de los rebaños, en pago de algún favor o por simple distracción. La madera empleada era de muy diferente factura, aunque especialmente se empleaba la de encina por su dureza y sonoridad.

En la localidad de Villamediana (Palencia) los viejos danzantes al son de flauta de tres agujeros y tamboril, acompañaban la danza con dos toques: El  “carracasclás”  el “tacalacatá”, en lo que ordenaba un ritmo de danza en compás de 5/8 y otro de remate en 2/4.

También en la Montaña  Palentina fue asimismo instrumento masculino para el baile, muy alejado del recuerdo leonés de los puertos donde las mujeres acompañaban con destreza los bailes del pandero emparentadas con las asturianas. Aunque olvidado el uso casi incluso masculino -solamente conocimos un tocador en Herreruela de Castillería, que las tocaba de joven al baile- de otro lado del límite provincial, en la indisoluble montaña cántabra, afloran algunos testimonios de uso femenino de las tarrañuelas en el cercano valle purriego, ya en Cantabria, y en tierra dentro de La Montaña. Todos los demás testimonios del uso montañés, que los hay, son justos y escasos en la utilización del instrumento, en comparanza a la Tierra de Campos y el Cerrato.

Fuera de los colectivos de paloteo y danzas, obligado en los ocho componentes de la cuadrilla, la castañuelas acompañaron todo el desarrollo de la jota y la redondilla de Tierra de Campos -no sólo los estribillos-, y los bailes a lo ligero montañeses junto a la dulzaina y la pandereta, aunque solamente algunos aficionados -pero diestros tocadores- se hacían acompañar con los instrumentos en los bailes festivos.


lunes, 1 de agosto de 2011

CORROBLA DE BAILES EN CERVERA (PALENCIA)

El próximo día 15 de agosto por la tarde, Corrobla de Bailes pondrá en escena su espectáculo del Baile tradicional de los Montes de Torozos en la villa montañesa de Cervera de Pisuerga, al norte de la provincia de Palencia. Acompañarán al baile tradicional las danzas de palos de Becerril de Campos, recientemente recuperadas.

jueves, 28 de julio de 2011

EL ACORDEÓN EN LA MÚSICA TRADICIONAL

El notable desarrollo que adquirió una conocida fábrica de acordeones de botones de Valencia, la fábrica El Cid, en funcionamiento desde mediados del XIX hasta 1929 inundó de sencillos y baratos acordeones de botonadura, fuelle de cartón de colorines y cajas de madera el mercado nacional. En Palencia en esos años -entre 1900 y 1930- más o menos no quedó pueblo en Tierra de Campos, la Vega o el Cerrato donde no hubiera uno o  varios intérpretes del instrumento, que se mantuvo únicamente y en el mejor de los casos en dos generaciones, padres e hijos, aunque en este segundo caso de manera muy minoritaria. Y en la Sierra de Gredos, en Ávila, el instrumento, se incorporó a las rondas de cuerda acompañando el baile de jotas, rondeñas y seguidillas. Lo cómodo de su transporte, lo agradable de su sonido, armonía y melodía la vez, la baratura de su precio, harán del acordeón un instrumento muy atractivo para aficionados a la música, sobre todo, entre las capas sociales más bajas. El acordeón encontrará un amplio campo de expansión fundamentalmente en el medio rural básicamente donde los paisanos utilizarán el instrumento en festividades populares, bodas, rondas y navidades y hacía que fueran muchos los mozos que lo traían de recuerdo de su estancia en el servicio militar, comprados en los almacenes de música de la capital y en las tómbolas de las fiestas una vez que se desarrolló en España como instrumento musical pasado la mitad del XIX, aunque tardaría algo más en llegar al medio rural. En el País Vasco, el acordeón junto con la pandereta, se ha convertido en el conjunto de música tradicional más característico: la trikitixa. En la imagen un cuadro de Francisco Soria Aedo, pintado en 1931 ("Villancico en Ávila"). Desgraciadamente, en Castilla y León, son escasísimas las agrupaciones folkloricas que incluyen el acordeón en sus repertorios. Para el conocimiento de este instrumento y su papel en la música tradicional es imprescindible el libro de Javier Ramos Martinez "El acordeón en España hasta 1936".San Sebastián 2009.
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jueves, 21 de julio de 2011

LA DANZA Y EL PALOTEO DE AMPUDIA (PALENCIA)

La Tierra de Campos palentina ha conservado la mayor cantidad de elementos folklóricos de la provincia de Palencia. De todos ellos destacan, sin duda alguna, las danzas y paloteos. Desgraciadamente asistimos a un continuo goteo de desapariciones de este tipo de manifestaciones. Se perdieron para siempre, si alguien no lo remedia, los paloteos de Guaza o Baquerín y las danzas de Valoria del Alcor o Castromocho, por poner algunos ejemplos. 

Una de las danzas que todavía sigue vigente es la de Ampudia de Campos. Conserva la cuadrilla de danzantes ampudianos el traje característico de doble enaguado blanco, corto y muy almidonado, y encitado simbólico (el sol, la M de María...). Los lazos que todavía se mantienen, una decena de ellos (el Triste, el Antón, el Enrame, la Estrella...), se corresponden con otros conservados en localidades cercanas como Fuentes de Nava, aquí repiqueteados con un rasgado característico en el toque, similar al de Villanubla, ya en la provincia de Valladolid.  El repertorio se completa con las originales danzas terracampinas, en ritmos quinarios, y con el trenzado del árbol, en esta ocasión con un valseo. La danza de Ampudia se puede ver en todo su esplendor el 8 de septiembre cuando se ejecuta en honor a la Virgen de Alconada patrona de toda la comarca. Desgraciadamente se perdió el paloteo a Santiago Apóstol, y esporádicamente se sigue paloteando en la procesión del Corpus. También desapareció la figura del "galleta" que vestido de forma estrafalaria ordenaba la danza, labor que en otras localidades terracampinas corre a cargo del birria o chiborra. También se perdió el uso de castañuelas en la danza, la exclusividad de danzantes masculinos (ahora la agrupación cuenta con más chicas que chicos), y la representación de un interesante auto teatral: "La Entrada del Moro". Esta pequeña obrilla se ofrecía por la comparsa de danzantes en los actos de la fiesta de La Aparición de Santiago Apóstol  (el 23 de mayo) y es junto con "La entrada de Napoleón" en Autilla del Pino y "David y Goliat" en Dueñas uno de los pocos vestigios de teatro popular ligado a las danzas de palos que se conservan. Una buena ocasión para ver el paloteo es el próximo 30 de julio en el Festival del Palo, que ya va por su XXX edición. 

Esperemos que no tengamos que lamentar la pérdida de la danza y el paloteo ampudiano en los próximos años, pues el escaso interés por el baile tradicional, la falta de valores y el  poco compromiso de las nuevas generaciones, el éxodo rural y el pobre apoyo institucional van dando la puntilla a estas joyas, todavía vivas, de la tradición oral. En las fotos, la cuadrilla de danzantes allá por 1948 y la representación de la Entrada del Moro en 1956.

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